Un tiro en el pecho y nadie responde
Asesinaron de un disparo en el tórax a un motociclista de 28 años sin antecedentes en Capurro. Tres vainas 9 mm en la calle y ningún detenido.

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Un hombre de 28 años fue asesinado de un disparo en el tórax en la noche del sábado 31 de octubre, en la esquina de José Fernández Cutiello y avenida Ingeniero Federico Capurro, en Montevideo. La víctima circulaba en moto cuando un auto oscuro se le habría aproximado y le disparó. Quedó tendido en la vía pública, junto a la motocicleta. Una unidad de emergencia médica solo pudo constatar que estaba muerto.
La víctima no tenía antecedentes penales. No era un delincuente: era un tipo de 28 años que volvía a su casa en moto y lo mataron en la calle. Ese es el dato que el aparato estatal prefiere no subrayar, porque desarma el relato de que la inseguridad es un problema entre delincuentes.
Lo que dejó el ataque
En la escena, Policía Científica halló tres vainas calibre 9 milímetros. La alerta entró por el 911 y la investigación quedó en manos de la Fiscalía de Homicidios de 3.er Turno y del Departamento de Homicidios, según informó la Jefatura de Policía de Montevideo.
Después del hecho, el sistema hizo lo único que sabe hacer: mirar las cámaras. Mediante el análisis de la videovigilancia del Centro de Comando Unificado, los efectivos identificaron un vehículo cuya posible vinculación con el homicidio está siendo investigada. Es decir: hay un auto en una imagen y nada más. Sin detenidos, sin móvil confirmado, sin identidad de los autores.
El monopolio que llega tarde
La seguridad es la función más básica que se le puede pedir al Estado, y el Estado la cobra carísima. Se financia con los impuestos de todos, incluido el de este motociclista de 28 años que ya no va a pagar nada. A cambio, el vecino de Capurro recibe cámaras que graban el crimen cuando ya pasó, un 911 que atiende el llamado cuando el cuerpo está en el piso y una fiscalía que abre un expediente que casi nunca termina en nadie preso.
El delincuente que apretó el gatillo violó el principio más elemental: no agredir a otro. Ese es el villano, y no hay excusa que lo tape. Pero el monopolio estatal de la seguridad tampoco rinde cuentas: no previene, no esclarece y no devuelve nada. La plata del contribuyente se va en estructura, en cargos y en burocracia, mientras un hombre sin antecedentes queda tirado en la calle con tres vainas al lado.
Capurro no necesita otro comunicado. Necesita que alguien explique por qué el sistema que se lleva la mitad del sueldo de cada uruguayo no puede garantizar que un motociclista llegue vivo a su casa.
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