Precios suizos, salarios uruguayos: el país caro por diseño
Un estudio del BCU lo confirma: Uruguay es un 27% más caro que 43 economías. Con alimentos un 55% más caros y el IVA más alto de la región, el problema no es accidental.

Pablo Tedesco
Analista en Tecnologías de la Información

Uruguay no es el país más caro del mundo. Es algo peor: uno de los casos más brutales de desfase entre lo que se gana y lo que se paga entre las democracias estables del planeta. El dato lo pone en perspectiva mejor que cualquier índice: una Big Mac cuesta prácticamente lo mismo en Uruguay y en Suiza. Ambos países recaudan en impuestos alrededor del 27% del PIB. La diferencia es que los salarios suizos están a años luz de los uruguayos.
No es una sensación. Es un número. Un estudio encargado por el Banco Central del Uruguay (BCU) comparó los precios de unos 600 productos en 44 economías y concluyó que Uruguay es, en promedio, un 27% más caro que el resto. Solo nueve países del mundo resultaron más caros: Suiza, Noruega, Dinamarca y similares. En alimentos y bebidas, la brecha llega al 55%. En productos de higiene y limpieza, al 58%. Y el estudio fue encargado al CED — el mismo Centro de Estudios para el Desarrollo que se presenta como think tank liberal uruguayo.
Las causas estructurales son conocidas y sistemáticamente ignoradas. Uruguay aplica un IVA del 22%, uno de los más altos del mundo. Sin acuerdos comerciales de peso, los aranceles de importación pueden llegar al 35%, encareciendo todo lo que entra desde afuera. Y adentro, mercados fuertemente concentrados en pocas empresas permiten a algunos fijar precios sin competencia real. Los economistas del CED lo llaman “efecto país”: un mercado pequeño y sin competencia genuina donde los márgenes de ganancia se sostienen sobre el lomo del consumidor.
Pero el problema va más allá de los impuestos y el tamaño del Estado. Hay barreras regulatorias para competir, sectores protegidos por décadas de lobby corporativo y “vacas atadas” que le permiten a algunos pocos cazar en zoológico mientras todos pagan la cuenta. Es un sistema de privilegios que no distingue colores políticos: lo construyeron y lo mantienen gobiernos de todos los partidos, incluido el anterior. La apertura al mundo, la desregulación de mercados y la competencia real nunca fueron una prioridad para ninguna administración.
El resultado es matemáticamente cruel. Un hogar uruguayo gana en promedio unos 2.500 dólares mensuales, según el INE. Con eso enfrenta una canasta de precios europea. El trabajador suizo, con una canasta similar, multiplica ese ingreso varias veces. Uruguay no cobra impuestos europeos y paga salarios latinoamericanos. Cobra precios europeos con esa misma combinación. La diferencia la absorbe el ciudadano.
El empresario Maximiliano Camou lo sintetizó con precisión: Uruguay no es caro por accidente ni por fenómenos de mercado que nadie puede controlar. Es caro por diseño. Por décadas de decisiones políticas que priorizaron proteger sectores concentrados sobre el bienestar del consumidor. Por un modelo que llama “industria nacional” a lo que en realidad es un monopolio bien vestido. Y por una clase política que prefiere hablar de subsidios y transferencias antes que abrir los mercados que ella misma cerró.
Precios suizos con salarios uruguayos no es mala suerte. Es la consecuencia directa de décadas de proteccionismo, mercados cerrados y una casta política que nunca tuvo incentivos reales para cambiar el modelo. El ciudadano paga la cuenta. Como siempre.

