Globalismo

Márquez atiende a Frida, al Papa y al feminicidio ante Adela Micha

En México presentó «Ídolos con pies de barro» y chocó con Adela Micha: dijo que Frida es un mito y que Francisco «fue una calamidad para la cristiandad».

Pablo Tedesco

Pablo Tedesco

Analista en Tecnologías de la Información

15 de octubre de 2026 · 4 min de lectura

Márquez atiende a Frida, al Papa y al feminicidio ante Adela Micha
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El escritor argentino Nicolás Márquez presentó en México su libro Ídolos con pies de barro: los falsos héroes de la izquierda y la cultura woke y, en una entrevista con la periodista Adela Micha, afirmó que el feminicidio es «un concepto ideológico antijurídico», que el papa Francisco «fue una calamidad para la cristiandad» y que Frida Kahlo es un mito que la izquierda explota sin conocerlo.

La tesis del libro, explicó, es simple: la izquierda no puede mostrar «un solo proceso político exitoso» de un país propio en el que haya gobernado y haya sido próspero. Sin resultados que exhibir, dijo, moviliza con personajes: «Muestran personajes, yo digo fetiches». Su blanco son sobre todo los jóvenes, a quienes se les induce fascinación a través de «héroes de fantasía».

El libro dedica un capítulo a cada uno de ocho personajes: Frida Kahlo, el Che Guevara, Diego Maradona, el papa Francisco, Hugo Chávez, Michel Foucault, Salvador Allende y Eva Perón. De los tres que ejercieron influencia política, el Che, Chávez y Allende, sentenció: «Ninguno de los tres fue un demócrata, Adela».

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Con Frida Kahlo abrió el fuego. Contó que al llegar al aeropuerto de México lo recibió «una estampa enorme» de la pintora y se preguntó qué representa: la liberación femenina, la mexicanidad autóctona y el arte. «En ninguna de las tres cosas tuvo nada que ver», sostuvo. La describió como «una mujer totalmente sometida a Diego Rivera, esclavizada por sus drogas, su vida sexual caótica y su dependencia económica», y preguntó: «¿Dónde está la liberación femenina?».

Micha le recordó que Kahlo también fue víctima de su época. Márquez concedió que sí, pero agregó que «ideológicamente, era un inmoral, porque era estalinista». Admitió que «no le hizo daño a nadie»; el problema, dijo, es que la izquierda «la utiliza para seguir promoviendo sus innobles propósitos». Y cerró: «Yo me permito no admirarla».

Con Francisco, el cruce fue todavía más duro. Márquez dijo que no lo analiza como un «abuelo bonachón, caritativo y empático» («eso servirá para un dirigente político»), sino como jefe de la Iglesia católica, con dogmas, encíclicas y magisterio: «él violó todo». Cuestionó que haya puesto al frente del dicasterio para la Doctrina de la Fe al cardenal Manuel «Tucho» Fernández, a quien llamó «lobista gay».

Cuando Micha planteó que la Iglesia necesitaba modernizarse, respondió: «¿Cómo vamos a modernizar la Biblia? ¿Es la ley de Dios? ¿No es un reglamento de consorcio intercambiable?». Sostuvo además que bajo su pontificado la Iglesia perdió «millones de fieles, miles de monjas y miles de sacerdotes» y dijo tener las estadísticas. No las detalló en la entrevista y SU no las verificó. Micha le discutió que la caída fuera culpa de Francisco; Márquez retrucó que «contribuyó». Su remate: ser un «abuelito simpático» es tarea de un dirigente social o de «un speaker de autoayuda, no de un Papa de la Iglesia Católica».

El momento más tenso llegó con el feminicidio. «Hay feminicidios, Nicolás», le planteó Micha. Márquez respondió que es «un concepto ideológico antijurídico». Su argumento: quien mata a una mujer puede hacerlo por plata, por celos o por odio ideológico, no por ser mujer, y «podría haber matado a cualquier otra persona, a un varón también». Lo que corresponde, dijo, es «una severa pena» y el derecho penal ya lo contempla, con una escala mayor «en la medida en que la víctima sea más indefensa». Su conclusión: «Todo lo demás es ideología».

Después vino la brecha salarial. Micha insistió en que las mujeres siguen ganando menos que los hombres por el mismo trabajo y contó que su condición de mujer «sí me ha puesto por debajo de colegas solamente por ser mujer». Márquez respondió con lógica de mercado: si fuera cierto, los empresarios, a quienes se acusa de avaros y de tener afán de lucro, «solamente contratarían mujeres» porque pagarían salarios más bajos. «El hombre no podría conseguir trabajo», razonó.

Micha le replicó que lo planteaba «muy simple y no es así» y recordó que durante mucho tiempo las mujeres no salieron al mercado laboral. Márquez coincidió en que «tiempos atrás esto pasaba», pero aseguró que «eso hoy ya no ocurre». Fue más lejos: «la mujer tiene más derechos que el hombre», dijo, y en su país «una mujer se jubila cinco años antes».

La izquierda repartió estampitas durante décadas porque no tenía resultados que mostrar: cuando hace falta una Frida en cada pared para sostener el relato, es que a las ideas hace rato que no les alcanza. (Opinión de SU.)

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