Política

Lust se desmarca de la derecha "radical": «No en el Uruguay»

Consultado sobre si encarna la «derecha radical» que avanza en la región, Lust dijo que no. Es el mismo argumento que usó contra el modelo Bukele.

Pablo Tedesco

Pablo Tedesco

Analista en Tecnologías de la Información

15 de octubre de 2026 · 3 min de lectura

Lust se desmarca de la derecha "radical": «No en el Uruguay»
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El abogado y docente Eduardo Lust se desmarcó del avance de la derecha radical en la región al responder en Doble Vía, de Teledoce: «No, porque esa derecha radical es explicable en esos países, no en el Uruguay». Y agregó cuál es, en cambio, su lugar: «Por eso yo hablo de liberalismo».

La pregunta había sido directa: «¿Pero usted encarna esa derecha, ese cambio hacia esa derecha más radical?». Antes, Lust había descrito la ola de gobiernos de derecha en la región, con Milei y Bolsonaro entre los nombres citados, y había dicho que «no es una derecha común y corriente»: según su descripción, es una derecha «más derecha», «muy radical». Aclaró además que no conoce a fondo esas realidades —«conozco por la prensa y por lo que he leído»— y que «no es el caso uruguayo».

Para ilustrarlo usó a la Argentina. Dijo que en Colombia o allí «es admisible esa derecha de que el presidente insulta a los periodistas» y recordó que «la gente en la Argentina votó un presidente que dijo vengo a destruir el Estado, soy un topo infiltrado en el sistema para que el Estado explote». Y devolvió la pregunta: «¿Usted se imagina una persona acá que diga vengo a destruir el Estado? Imposible».

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Lust parafraseaba a Javier Milei. En una entrevista con The Free Press difundida el 6 de junio de 2024, el presidente argentino dijo ser «el que destruye al Estado desde adentro» y se definió como un «topo» dentro del Estado, según informó La Capital.

Ahí aparece la contradicción. El liberalismo, en su tradición clásica y en su versión libertaria, propone un Estado mínimo, limitado a proteger los derechos negativos: la vida, la propiedad y la libertad frente a la coerción de otros. Reducir el Estado a esa función es el centro de la doctrina, no una exageración de quienes la radicalizan. Un candidato que se reivindica liberal y a la vez toma distancia de quien quiere achicar el Estado hasta ese punto está usando la palabra de una manera que la doctrina no respalda.

El razonamiento, además, no es nuevo. Es el mismo que usó para rechazar el «modelo Bukele»: Uruguay es distinto. Primero fue la mano dura de El Salvador; ahora es toda la derecha radical de la región. En ambos casos, la respuesta es que eso es para otros.

Lust sostiene que el Uruguay no admite esa derecha. Pero lo que describe como «liberalismo» queda en un lugar ambiguo: toma la etiqueta que hoy ordena a la derecha regional y descarta, una por una, las ideas que le dan contenido. Es una posición cómoda para un electorado que desconfía de los extremos, y ese es el punto que vale la pena señalar.

Opinión de SU: quien se dice liberal y rechaza el achicamiento del Estado no está hablando de liberalismo. Está usando una etiqueta para ocupar un espacio electoral sin asumir lo que la doctrina exige. Parece una jugada de oportunismo político antes que una convicción.

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