Lula crea el «impuesto al pecado» para cigarrillos, alcohol y autos
Brasil gravará desde febrero de 2027 cigarrillos, alcohol y autos con el Imposto Seletivo. El gobierno prevé recaudar R$ 41.900 millones.

Pablo Tedesco
Analista en Tecnologías de la Información

El gobierno de Lula da Silva publicó el 4 de noviembre la Medida Provisória 1.399/2026, que fija las alícuotas del Imposto Seletivo, el llamado «imposto do pecado», sobre cigarrillos, bebidas alcohólicas y azucaradas, autos, aviones y embarcaciones. El cobro empieza el 2 de febrero de 2027.
Las alícuotas son altas. Los cigarrillos pagan 66,7% sobre una base equivalente al 15% del precio, más R$ 3,50 por cada 20 unidades. El whisky, el vodka, el gin y otros destilados pagan 24%. El ron de caña, 20%. El oporto y las bebidas de más de 14% de alcohol, 16%, el vermut 12%, el vino 8%, la cerveza 4,2% y las bebidas azucaradas 2,6%. Los autos de pasajeros parten de una base de 6,3%, los aviones y helicópteros de 6,8% y las lanchas a motor de 12%.
El gobierno afirma que en 2027 las alícuotas mantienen la carga tributaria actual, porque el nuevo impuesto reemplaza al IPI, que baja a cero para la mayoría de los productos. La suba llega después. Antes del 31 de mayo de 2027 enviará al Congreso un proyecto de ley con alícuotas permanentes pensadas para «inhibir el consumo» desde 2028, además de una PEC para sostener el impuesto a comienzos de 2027. Hoy se rebautiza el impuesto, mañana se aumenta.
La justificación oficial es la salud y el medio ambiente. El gobierno llama «extrafiscal» al tributo: dice que busca orientar el consumo, no recaudar. Pero el presupuesto de 2027 ya cuenta con R$ 41.900 millones de recaudación por este impuesto, unos US$ 7.700 millones según Perfil. Un impuesto cuyo objetivo es que la gente consuma menos no puede contar de antemano con que consuma lo mismo.
El contexto lo explica. Según Perfil, Lula convocó a su ministro de Hacienda, a su vicepresidente y a economistas del PT para reducir el déficit fiscal sin recortar el gasto social. Si no se recorta el gasto, hay que subir los ingresos. El gobierno promete compensar cualquier aumento de la recaudación con una reducción de la nueva CBS, la contribución sobre bienes y servicios, cuando el impuesto tenga efecto inhibidor. Es una promesa. La medida provisória, en cambio, ya está publicada.
Una medida provisória tiene fuerza de ley desde que se publica, pero el Congreso debe aprobarla para que quede firme. Pagan el cigarrillo, el vaso de whisky, la botella de vino, la cerveza, la gaseosa y el auto los brasileños que consumen, no el gobierno que pretende cuidarlos. Los productos «del pecado» siguen siendo legales. Lo que cambia es cuánto cobra el Estado por ellos.
Cuando el Estado dice que te cobra para cuidarte, lo que quiere es tu plata. La salud es la excusa.

