La izquierda culpa al «austericidio neoliberal» de un Estado que gasta el 57% del PIB
El Estado francés gasta el 57,2% del PIB y no hubo recortes, pero la izquierda culpa al «austericidio neoliberal». Mientras tanto, la derecha crece en intención de voto.

Pablo Tedesco
Analista en Tecnologías de la Información

Francia vive desde fines de septiembre una ola de bloqueos, incendios y detenciones que la izquierda atribuye a diez años de «macronismo neoliberal» y de recortes al Estado de bienestar. Los números del propio Estado francés dicen lo contrario: en 2025 el gasto público llegó al 57,2% del PIB.
El análisis es del economista Juan Ramón Rallo, que repasa el balance de las últimas semanas: más de 1.000 institutos bloqueados, casi 8.000 detenidos, el 85% menores de edad, y este sábado 17 más de medio millón de personas en la calle contra la carestía de la vida, según el Ministerio del Interior. El ayuntamiento de Limoges y la oficina de turismo de Lyon terminaron incendiados.
La explicación oficial de la izquierda, repetida por medios como El País, que tituló «Francia prende fuego al macronismo», es que el país paga la factura de un Estado desmantelado. Rallo la califica de «pura propaganda sin ningún dato que la respalde».
Los datos que cita son concretos. Francia gasta el 57,2% de lo que produce, junto con Finlandia el mayor porcentaje del planeta, frente a una media europea del 49,5%. Solo en prestaciones sociales destina el 32% del PIB, contra el 27% del promedio europeo. Y el gasto no baja: en 2025 aumentó 41.000 millones de euros, más rápido que la economía.
Ni siquiera lo paga con la plata que cobra. El déficit sigue por encima del 5% del PIB y la deuda se acerca al 120%. Cuando el gobierno quiso achicar el agujero, subió impuestos: la presión fiscal pasó del 42,8% al 43,6% del PIB en un año, y el Tribunal de Cuentas advirtió que todo el ajuste recayó en los contribuyentes y nada en el gasto. Los recortes de 54.000 millones que Macron plantea ni siquiera fueron aprobados, así que no pueden explicar la carestía de nadie.
Tampoco compró la paz social que prometía. Francia gasta como pocos y aun así vivió los disturbios de los suburbios en 2005, los chalecos amarillos en 2018, los incidentes de 2023 y ahora esto. Es lo que Rallo llama el «chantaje estatista»: si no querés que ardan las calles, no toques el Estado de bienestar.
El caso de la educación muestra el problema real. Francia destinó casi 200.000 millones de euros, el 6,7% del PIB, y cada alumno de bachillerato general cuesta unos 13.000 euros al año. Tras las protestas, el gobierno subió el presupuesto 1.200 millones. Pero el ministro anunció el envío de más de 3.000 profesores sustitutos que ya estaban en nómina, sin clase asignada por problemas administrativos. El Estado pagaba a 3.000 docentes sin alumnos mientras miles de alumnos no tenían docente. Al movilizarlos, los institutos en situación crítica bajaron de 114 a 41 en una semana.
El mismo modelo, según Rallo, convirtió en guetos asistenciales a los descendientes de inmigrantes que Francia atrajo para su industria: en los barrios prioritarios, uno de cada cuatro jóvenes activos está en paro y más de uno de cada cinco ni estudia ni trabaja.
El electorado francés parece haber hecho la cuenta. La intención de voto de la derecha crece mientras el relato del «austericidio» se cae frente a las cifras.
Francia no se incendia por falta de Estado: se incendia por un Estado que lo promete todo, gestiona mal casi nada y le manda la factura al que trabaja.

