Armada: cambiaban cerdo por vaca
Cuatro militares condenados por pedir cortes de carne bovina a cambio de cerdo en dos licitaciones y taparlo con remitos falsos. Pagó el contribuyente.

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Cuatro integrantes de la Armada Nacional fueron condenados en proceso abreviado por una maniobra que duró dos años y que la propia fuerza terminó denunciando: en dos licitaciones abreviadas adjudicadas a un frigorífico en 2021 y 2022 para comprar carne de cerdo congelada, los funcionarios se llevaban cortes de vaca de mayor valor y lo disimulaban en el papel.
La 'conversión': el pliego como monedero
El mecanismo se llamaba "conversiones". Se pedía al adjudicatario cortes especiales de carne bovina, más caros, calculando la equivalencia en kilos de cerdo y descontándola del saldo del contrato. El resultado era un faltante de carne en el stock del SERAP. Para taparlo se incorporaban remitos que no coincidían ni con los cortes entregados ni con el destino de la mercadería.
La carne que faltaba la pagó alguien: el contribuyente. Compró cerdo, recibió menos cerdo, y encima financió los cortes de vaca que se llevaron los que administraban el pliego.
Las condenas
Dos de los condenados respondieron como autores de asociación para delinquir en reiteración real con uso de documento privado falso: 24 y 22 meses de prisión sustituidos por libertad a prueba, arresto domiciliario nocturno de 7 y 6 meses, 4 meses de servicio comunitario y cierre de fronteras.
Los otros dos fueron condenados por omisión de los funcionarios en denunciar delitos: 15 y 7 meses sustituidos, arresto domiciliario nocturno de 5 meses y 15 días y 2 meses, y 2 meses de servicio comunitario.
El dato que importa
La defensa sostuvo que las "conversiones" eran una práctica habitual dentro de la Armada Nacional. La sentencia no lo negó: respondió que las adquisiciones mediante licitaciones públicas deben ajustarse al objeto y a las condiciones de sus pliegos.
Ahí está el retrato completo. Un organismo que compra con plata ajena, que fija sus propias reglas, que se controla a sí mismo y que, cuando la práctica sale a la luz, la describe como costumbre. No falló un control: falló el diseño. Nadie cuida el bolsillo ajeno con el celo con que cuida el propio.
La solución no es un manual de transparencia nuevo ni una oficina de integridad más. Es que el Estado deje de comprar carne, de administrar frigoríficos y de repartir contratos entre uniformados. Mientras el pliego sea un monedero, siempre va a haber alguien dispuesto a convertirlo.
- https://mediospublicos.uy/cuatro-integrantes-de-la-armada-condenados-por-maniobra-en-la-adquisicion-de-carne/

