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ALERTA FLEQUILLO: Lizarazú quiere zanjar un debate que no está cerrado

La conductora de Casi mañana da por cerrada la discusión: afirma que los cuadros de salud mental de menores trans vienen del acoso, «y no es al revés»

Pablo Tedesco

Pablo Tedesco

Analista en Tecnologías de la Información

6 de noviembre de 2026 · 4 min de lectura

ALERTA FLEQUILLO: Lizarazú quiere zanjar un debate que no está cerrado
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Malena Lizarazú, conductora de Casi mañana junto a Gervasio Invernizzi en la diaria Radio, quiere dar por cerrada una discusión que no lo está. Lo hizo al analizar las repercusiones del escándalo de Canal 5: «Está estudiado que muchas veces estas patologías, esta inestabilidad, esta angustia, estos quiebres, que pueden manifestarse, por ejemplo, en una depresión, en ansiedad, en trastornos graves, son la consecuencia de no poder expresar libremente la identidad sexual, del acoso y de la discriminación, y no es al revés». En el video no cita un solo estudio.

El detonante fue el programa Buscadores, de Canal 5, emitido el 30 de octubre. El periodista Fernando Vilar planteó un caso hipotético sobre un niño que expresa su identidad de género y preguntó: «¿Qué hago? ¿Le pego un tiro y un problema menos?». La frase es repudiable y Vilar lo reconoció el 3 de noviembre, cuando admitió que fue «desacertada, ofensiva y discriminatoria» y pidió disculpas. Canal 5 la rechazó y exigió una rectificación. Ese tema está cerrado, y bien cerrado.

Lo que Lizarazú hace con ese escándalo es otra cosa. Usa un error ajeno para dar por resuelto algo que la ciencia no resolvió. La revisión Cass, encargada por el servicio de salud inglés (NHS) y publicada el 10 de abril de 2024, calificó de débil la evidencia sobre los bloqueadores de pubertad en menores y pidió «extrema cautela» al recetarlos a menores de 18 años. También señaló que no hay evidencia clara de que la transición social tenga efectos, positivos o negativos, en la salud mental. Afirmar «y no es al revés» es una certeza que ni los estudios de más peso se animan a ofrecer.

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El segundo movimiento es todavía más revelador. Lizarazú sostiene que las niñas trans no son un problema, ni una amenaza, ni algo indeseable, y que lo realmente indeseable es «que estas personas salgan a decir estas cosas para desinformar y generar aún más odio». La pregunta es quién decide qué es desinformar. Cuando alguien define quién no debería hablar, no está respondiendo un argumento: está cerrando la puerta.

No es un vicio de un solo lado. Pasó con el conductor Esteban Trebucq, que cortó un cruce con Nicolás Márquez sobre el Juicio a las Juntas con un cierre editorial: «Es una cuestión absolutamente zanjada». Cambian los temas y los bandos, pero el reflejo es el mismo: declarar que ya no hay nada que discutir. Y lo que se zanja por decreto no desaparece: se acumula, y vuelve como polarización.

Durante años, buena parte de la izquierda cultural dio por cerradas discusiones que nunca se cerraron, desde la identidad hasta la infancia. Hoy ese clima cambia, y los argumentos liberales, conservadores y de derecha ganan terreno en la conversación pública. La reacción es la que se ve: indignación, urgencia y pedidos de silencio, justo cuando la posición que se creía ganada empieza a ser discutida de verdad. Quien confía en sus argumentos no necesita pedir que otros se callen.

Para completar, el Estado entra en escena. Canal 5 es un medio público gestionado por el Ministerio de Educación y Cultura, y el PIT-CNT reclama «respuestas y medidas concretas» para que los medios públicos no vuelvan a ser escenario de expresiones discriminatorias. Transboy Uruguay envió una carta al Servicio de Comunicación Audiovisual Nacional. Lo que empezó como una frase repudiable termina en un pedido para que el Estado controle lo que se dice en una pantalla que pagan los contribuyentes.

La salida no es más control. Los padres que dudan, los médicos que preguntan y las familias de menores trans merecen lo mismo: que la discusión se dé con datos y con respeto, no con un «está estudiado» que no muestra el estudio.

Ningún debate se cierra por decreto, ni en un estudio de TV ni en un programa de radio. Se gana mostrando el estudio, y quien lo tiene no necesita pedir silencio.

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