Orsi manda a su mentor de embajador a Palestina
El presidente defendió el pase de Marcos Carámbula a la embajada en Palestina desde 2027: un cargo técnico pagado con impuestos para acomodar a un
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El presidente Yamandú Orsi salió a defender la designación de Marcos Carámbula como embajador de Uruguay en Palestina, un nombramiento anunciado por el canciller Mario Lubetkin que se hará efectivo a partir de 2027. El elegido no es un diplomático de carrera: es médico, exdiputado, exsenador, expresidente de ASSE y exintendente de Canelones. Y, sobre todo, es el mentor político del propio presidente.
El gobierno justificó la movida diciendo que pone a una figura política de primer nivel para acompañar eventuales esfuerzos internacionales de negociación en Medio Oriente. Orsi lo dijo sin vueltas: "Es un compañero de fierro, de mucha confianza nuestra. Además con una sensibilidad, sentido y visión sobre la paz que es muy oportuna". Y agregó que aporta "no su granito, sino su balde de arena para construir lo que todos queremos".
Un cargo técnico para un amigo
Una embajada no es un premio por trayectoria partidaria. Es una representación del Estado que se paga con los impuestos de todos los uruguayos, y que en teoría exige formación específica en relaciones internacionales. La oposición lo marcó de inmediato.
El expresidente Julio María Sanguinetti fue directo: "Yo lo veo mal, creo que no tiene ningún sentido en estos momentos darle esta visibilidad al tema". El senador nacionalista Sebastián Da Silva habló de un "vicio frenteamplista" y recordó que Palestina es una de las embajadas "de menor trascendencia y rango". El colorado Robert Silva lo llamó "un error político importante" y subrayó que "ahora y más que antes es necesario un profesional con carrera profesional en el servicio exterior".
El diputado del Partido Independiente Gerardo Sotelo apuntó que el destino "requiere, por su compleja situación, un representante diplomático profesional y no político", y que la designación no le parece adecuada "ni para el país, ni para la Cancillería ni para él". El nacionalista Pedro Jisdonian fue más lejos: la medida "parece más una exigencia que un reconocimiento a su trayectoria, por más que esta sea respetable y esté alejada del ámbito de las relaciones internacionales".
La casta reparte entre los suyos
Consultado por las críticas, Orsi respondió que "es parte de la libertad". Cómodo: el que paga la cuenta no opina. El contribuyente financia la estructura diplomática completa, incluidos los cargos que se reparten por confianza política y no por idoneidad. Y el diplomático de carrera, que estudió y se preparó durante años para representar al país, mira desde abajo cómo el puesto se lo lleva el amigo del presidente.
Que el destino sea Palestina, Brasil o cualquier otro país es lo de menos. Lo que se discute acá no es la política exterior uruguaya ni el conflicto en Medio Oriente: es el uso de un cargo público técnico como moneda de cambio dentro de la propia fuerza política. La casta no distingue ideologías cuando se trata de acomodar a los suyos. Y el que paga, como siempre, es el que trabaja.
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