No están contra la democracia. Están contra la casta que la secuestró
El Latinobarómetro 2026 muestra que el 45% de los uruguayos aceptaría un gobierno no democrático si resuelve sus problemas. Los medios de la casta los llaman antidemocráticos. Están leyendo mal el dato a propósito.

Pablo Tedesco
Analista en Tecnologías de la Información

El Latinobarómetro 2026 publicó su informe anual y los grandes medios uruguayos encontraron exactamente lo que estaban buscando: un número para agitar. El 45% de los uruguayos declaró que "no le importaría que un gobierno no democrático llegara al poder si resuelve los problemas". Telenoche lo tituló como alarma. La Diaria construyó su nota sobre la paradoja. El mensaje implícito de toda esa cobertura fue el mismo: casi la mitad de los uruguayos es un peligro para la democracia.
La interpretación es interesada y falsa.
Lo que el dato mide no es el deseo de vivir bajo una dictadura. Mide el nivel de agotamiento de la ciudadanía con un sistema que se llama democrático pero que, en la práctica, funciona como una partidocracia cerrada. Cuando alguien responde que aceptaría cualquier sistema que resuelva sus problemas, no está votando por un golpe de Estado: está diciendo que lo que tiene ahora tampoco le resuelve nada. Esa es la lectura honesta del dato. La casta prefiere la otra porque le permite cambiar la narrativa.
El propio informe del Latinobarómetro contiene el verdadero escándalo, y ningún medio de la casta lo destacó con la misma energía: entre 2011 y 2026, cayó 20 puntos el porcentaje de uruguayos que considera que el Estado hizo "mucho o algo" por ellos. Veinte puntos en quince años. Eso es lo que explica el 45%. No es fanatismo autoritario: es la consecuencia lógica de décadas de promesas incumplidas, instituciones capturadas por los partidos y un sistema donde los ciudadanos votan cada cinco años y el resto del tiempo no tienen ningún mecanismo real de control sobre quienes los gobiernan.
La demócrata de la casta uruguaya tiene un problema de definiciones. Como señaló en su momento Graciela Bianchi y lo repiten otros actores políticos que se animan a nombrarlo, en este país todo lo que salga de los partidos tradicionales es catalogado automáticamente como "antidemocrático". LLA es antidemocrática. Quien cuestione el sistema es antidemocrático. Quien diga que los partidos tradicionales fracasaron es antidemocrático. La democracia, en esa visión, es el nombre que le ponen al monopolio partidario del poder. El que amenaza ese monopolio amenaza la democracia.
Pero lo que Uruguay tiene no es una democracia plena. Es una partidocracia. Los mismos tres o cuatro partidos rotando el poder desde hace décadas. Las mismas familias políticas. Las mismas estructuras capturando organismos, medios, sindicatos e instituciones. El ciudadano vota, sí. Pero vota dentro de un menú que otros diseñaron, con reglas que otros fijaron, en un sistema donde el disenso real es penalizado con el mote de "antisistema" o "antidemocrático".
El 45% que dice que aceptaría cualquier cosa que funcione no es el problema de Uruguay. Es el síntoma. El problema es el sistema que los llevó a ese punto.
Acusar de antidemocrática a casi la mitad de la población es el último recurso de una casta que no tiene argumento para defende lo que hizo con la democracia. El 45% no quiere una dictadura. Quiere que alguien, finalmente, resuelva algo.
- Telenoche
- La Diaria
- InfoBae
- El Pais
- El Observador