El norte bajo agua y el Estado llega tarde
Más de 300 mm en 48 horas en una localidad de Salto y más de 200 mm en otra de Artigas. El Estado apareció cuando el agua ya había entrado.
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El norte del país quedó bajo agua. En apenas 48 horas, una localidad de Salto acumuló más de 300 milímetros de lluvia y otra de Artigas superó los 200 milímetros, según reportó Subrayado. Son acumulados que superan largamente el promedio mensual de la zona y que desbordaron arroyos, cortaron caminos y obligaron a evacuar vecinos.
La lluvia no es una novedad en el litoral norte. Lo que sí es una novedad —y una vergüenza— es que el Estado aparezca recién cuando el agua ya entró a las casas.
El Estado llega después
Uruguay tiene un Sistema Nacional de Emergencias (Sinae) que depende directamente de la Presidencia, con protocolos de evacuación, asistencia y una Junta Nacional de Emergencias. Tiene presupuesto, tiene estructura, tiene funcionarios. Lo que no tiene son las obras de drenaje hechas, los caminos rurales mantenidos ni los canales limpios antes de que lloviera.
La pregunta no es si el Sinae actuó. La pregunta es por qué el productor de Salto y el vecino de Artigas tienen que esperar a que el agua les tape la casa para que alguien del Estado se acuerde de que existen.
Mientras tanto, en Montevideo
El mismo día en que el norte estaba bajo el agua, la agenda política de la capital era otra: el Ministerio del Interior negando cifras de homicidios en el Senado, el Poder Ejecutivo discutiendo la suba de combustibles y la Junta Departamental discutiendo cuántos asesores cobran sin trabajar.
Ese es el Estado uruguayo en una sola jornada: discutiendo cifras, precios y pases en comisión mientras el interior se inunda.
El contribuyente del interior paga lo mismo
El vecino de Salto y el de Artigas paga los mismos impuestos que el de Pocitos. Financia el mismo presupuesto, el mismo Sinae, la misma Junta Nacional de Emergencias, los mismos asesores. La diferencia es que cuando llueve, el de Pocitos no pierde nada y el del norte lo pierde todo.
No hace falta más Estado. Hace falta que el Estado que ya cobra cumpla la función básica para la que se lo inventó: defender la vida y la propiedad. Y que las obras que se pagaron con impuestos del interior estén hechas antes de que llueva, no después.
Mientras eso no pase, el norte va a seguir esperando. Con el agua hasta las rodillas y el Estado con 48 horas de atraso.
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