Cae el último gigante de izquierda: Brasil gira a la derecha
Bolsonaro lidera la primera vuelta con más de 10 puntos. La derecha barrió Europa, EE.UU. y Argentina. Ahora Brasil. La izquierda uruguaya se queda sola en el continente.

Pablo Tedesco
Analista en Tecnologías de la Información

La primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas del 4 de octubre de 2026 confirmó lo que los sondeos más optimistas de la derecha apenas se animaban a proyectar: Flávio Bolsonaro (Partido Liberal) lidera el escrutinio con más de 50% de los votos contra un 40% de Luiz Inácio Lula da Silva, con una diferencia que supera los 10 puntos con el 36% de los votos escrutados. Si la tendencia se mantiene, hay segunda vuelta el 25 de octubre. Pero Bolsonaro llega con una ventaja que en la historia reciente de Brasil nadie perdió.
El dato que termina de explicar el resultado es el colapso de Renan Santos, el candidato del Partido Missão y cofundador del Movimiento Brasil Libre que encarnaba a la nueva derecha libertaria de la Generación Z. Las encuestas le daban entre 7 y 8 puntos. Obtuvo 2,47%. No fue una derrota: fue una transferencia. Prácticamente todo el voto de la nueva derecha se consolidó detrás de Bolsonaro en lugar de fragmentarse, algo que la izquierda necesitaba que no ocurriera para poder competir en segunda vuelta.
En 2022, Lula le ganó a Jair Bolsonaro por apenas 1,8 puntos en el balotaje. Hoy el escenario está exactamente invertido: es el PT el que llega a una eventual segunda vuelta desde una posición de debilidad estructural, sin margen para el error ni reserva de votos transferibles que alcancen.
El resultado no es un accidente local. Es el último capítulo de un proceso que lleva años desplegándose en Occidente. En 2016 llegó Trump. En 2019 llegó el propio Bolsonaro padre. En 2022 llegó Giorgia Meloni a Italia. En 2023 llegó Milei a Argentina. En 2024 Trump volvió a la Casa Blanca con más votos que en su primer mandato. En 2025, la derecha siguió avanzando en Alemania, en Francia, en los Países Bajos. La izquierda occidental no está perdiendo elecciones: está siendo expulsada del poder por ciudadanos que decidieron que ya tuvieron suficiente.
Brasil era el último bastión grande. El país más poblado de América del Sur, la octava economía del mundo, el símbolo del lulismo como modelo exportable. Ese modelo terminó esta noche con diez puntos de diferencia y con su propia base electoral desintegrándose en favor del adversario.
Para el Frente Amplio, el resultado es una catástrofe geopolítica. El gobierno de Orsi llegó a la presidencia en enero de 2025 con Lula como referente central de la región. Le cedió cuota de exportación de carne. Lo aplaudió en foros internacionales. Lo construyó como el hermano mayor del progresismo latinoamericano. Esa apuesta terminó esta noche.
En el Cono Sur, el mapa quedó reconfigurado de manera definitiva. Argentina tiene a Milei. Chile tiene a Boric pero con un Congreso que le bloquea la agenda. Paraguay nunca fue de izquierda. Brasil apunta a la derecha con una claridad que no tenía desde hace décadas. Uruguay es el único país de la región donde la izquierda sigue en el gobierno. Y no por mérito propio: por inercia institucional, por fragmentación de la oposición y porque la ciudadanía uruguaya todavía no terminó de procesar que lo que mira en el espejo ya no tiene nada que ver con lo que el Frente Amplio le prometió.
La izquierda no perdió Brasil esta noche: lleva años perdiendo Occidente. Uruguay es el último que queda, y eso no es una fortaleza. Es una cuenta regresiva.
- La Nación
- CNN
- El Cronista
- Bloomberg