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Política

Argentina lo hizo. Brasil lo está haciendo. Uruguay es el próximo.

Bolsonaro lidera en Brasil con ventaja de siete puntos. El Cono Sur cambia de color y el FA se queda solo.

Pablo Tedesco

Pablo Tedesco

Analista en Tecnologías de la Información

5 de octubre de 2026 · 3 min de lectura

Argentina lo hizo. Brasil lo está haciendo. Uruguay es el próximo.
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Mientras en Uruguay el gobierno de Yamandú Orsi registra su peor marca de aprobación

desde que asumió —24%, con 56% de desaprobación según Factum—, el Cono Sur está

protagonizando una transformación política sin precedentes en su historia reciente.

Este domingo 4 de octubre, con más del 65% de las mesas escrutadas en las elecciones

presidenciales de Brasil, Flávio Bolsonaro —senador por Río de Janeiro y candidato del

Partido Liberal, designado por su padre Jair desde la cárcel donde cumple condena por

intento de golpe— lidera con cerca del 49,6% de los votos frente al 42,25% del

presidente Lula da Silva. La diferencia supera los siete puntos y se mantiene estable

desde el inicio del escrutinio.

Si la tendencia se confirma, habrá segunda vuelta el 25 de octubre. Pero la señal ya

está enviada: el Brasil de Lula, el Brasil aliado natural del Frente Amplio uruguayo,

el Brasil que Orsi necesitaba para no quedar aislado en la región, está a punto de

cambiar de gobierno.

Para el FA, el timing no podría ser peor. En menos de tres años, el bloque progresista

que dominó el Cono Sur perdió su ancla argentina con la llegada de Javier Milei en

diciembre de 2023 y ahora ve cómo el gobierno más grande de la región también se

inclina hacia otro lado. Los acuerdos de integración, la agenda común de derechos, la

política exterior coordinada con Brasilia: todo entra en revisión.

Para los uruguayos que miran el mapa, el mensaje es otro.

Milei lleva casi tres años en Argentina con una agenda de desregulación y ajuste que,

guste o no, sigue en pie. Los que dijeron que era inviable todavía están esperando el

colapso. Ahora se suma Brasil, el gigante vecino, donde el voto popular empujó en la

misma dirección: fuera el establishment progresista, dentro una alternativa de derecha

que el propio mercado no esperaba tan fuerte.

El Cono Sur está eligiendo. Y Uruguay todavía no eligió.

Lo que hace más significativa esta convergencia es que no ocurre en el vacío. Mientras

Argentina y Brasil se mueven, Uruguay registra en simultáneo un escándalo que sacude

al principal partido opositor —la Operación Trazador vinculó al entorno del sector

gandinista del Partido Nacional con un narco que movía 265 kilos de cocaína y pasta

base—, y un gobierno que pierde apoyo a un ritmo que no tiene precedentes en la historia

reciente del Frente Amplio.

El mapa político uruguayo de 2026 se parece cada vez más a los mapas que en Argentina

(2021) y Brasil (este domingo) antecedieron un cambio de ciclo. Un oficialismo desgastado

sin relato nuevo. Una oposición tradicional con sus propios escándalos. Y un espacio

liberal-libertario que existe, crece, y que por primera vez tiene ejemplos concretos y

cercanos de que gobernar es posible.

En diciembre de este año, La Libertad Avanza Uruguay celebra su Primer Congreso Nacional

en Montevideo. Llegan Agustín Laje, Nicolás Márquez, Washington Abdala y una docena

de referentes más. Será el primer gran acto público de un partido que, cuando se fundó,

nadie tomaba en serio. Ocurrirá semanas antes de que el nuevo gobierno de Brasil asuma.

En el pico de la ola.

El Cono Sur está mandando una señal que se escucha hasta Montevideo. La pregunta ya

no es si el cambio es posible. La pregunta es si Uruguay va a llegar a tiempo.

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Fuentes:

  • SU Noticias

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