Argentina lo hizo. Brasil lo está haciendo. Uruguay es el próximo.
Bolsonaro lidera en Brasil con ventaja de siete puntos. El Cono Sur cambia de color y el FA se queda solo.

Pablo Tedesco
Analista en Tecnologías de la Información

Mientras en Uruguay el gobierno de Yamandú Orsi registra su peor marca de aprobación
desde que asumió —24%, con 56% de desaprobación según Factum—, el Cono Sur está
protagonizando una transformación política sin precedentes en su historia reciente.
Este domingo 4 de octubre, con más del 65% de las mesas escrutadas en las elecciones
presidenciales de Brasil, Flávio Bolsonaro —senador por Río de Janeiro y candidato del
Partido Liberal, designado por su padre Jair desde la cárcel donde cumple condena por
intento de golpe— lidera con cerca del 49,6% de los votos frente al 42,25% del
presidente Lula da Silva. La diferencia supera los siete puntos y se mantiene estable
desde el inicio del escrutinio.
Si la tendencia se confirma, habrá segunda vuelta el 25 de octubre. Pero la señal ya
está enviada: el Brasil de Lula, el Brasil aliado natural del Frente Amplio uruguayo,
el Brasil que Orsi necesitaba para no quedar aislado en la región, está a punto de
cambiar de gobierno.
Para el FA, el timing no podría ser peor. En menos de tres años, el bloque progresista
que dominó el Cono Sur perdió su ancla argentina con la llegada de Javier Milei en
diciembre de 2023 y ahora ve cómo el gobierno más grande de la región también se
inclina hacia otro lado. Los acuerdos de integración, la agenda común de derechos, la
política exterior coordinada con Brasilia: todo entra en revisión.
Para los uruguayos que miran el mapa, el mensaje es otro.
Milei lleva casi tres años en Argentina con una agenda de desregulación y ajuste que,
guste o no, sigue en pie. Los que dijeron que era inviable todavía están esperando el
colapso. Ahora se suma Brasil, el gigante vecino, donde el voto popular empujó en la
misma dirección: fuera el establishment progresista, dentro una alternativa de derecha
que el propio mercado no esperaba tan fuerte.
El Cono Sur está eligiendo. Y Uruguay todavía no eligió.
Lo que hace más significativa esta convergencia es que no ocurre en el vacío. Mientras
Argentina y Brasil se mueven, Uruguay registra en simultáneo un escándalo que sacude
al principal partido opositor —la Operación Trazador vinculó al entorno del sector
gandinista del Partido Nacional con un narco que movía 265 kilos de cocaína y pasta
base—, y un gobierno que pierde apoyo a un ritmo que no tiene precedentes en la historia
reciente del Frente Amplio.
El mapa político uruguayo de 2026 se parece cada vez más a los mapas que en Argentina
(2021) y Brasil (este domingo) antecedieron un cambio de ciclo. Un oficialismo desgastado
sin relato nuevo. Una oposición tradicional con sus propios escándalos. Y un espacio
liberal-libertario que existe, crece, y que por primera vez tiene ejemplos concretos y
cercanos de que gobernar es posible.
En diciembre de este año, La Libertad Avanza Uruguay celebra su Primer Congreso Nacional
en Montevideo. Llegan Agustín Laje, Nicolás Márquez, Washington Abdala y una docena
de referentes más. Será el primer gran acto público de un partido que, cuando se fundó,
nadie tomaba en serio. Ocurrirá semanas antes de que el nuevo gobierno de Brasil asuma.
En el pico de la ola.
El Cono Sur está mandando una señal que se escucha hasta Montevideo. La pregunta ya
no es si el cambio es posible. La pregunta es si Uruguay va a llegar a tiempo.
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